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SERAM 2012 / S-0482
Traumatismo abdominal cerrado. Manifestaciones radiológicas de la lesión en víscera sólida.
This poster was originally presented at the SERAM 2012 meeting, May 24-28, in Granada/ES. Este póster ha sido presentado originalmente en el congreso de la SERAM 2012, 24-28 de mayo, en Granada/ES. www.seram.es
Congress: SERAM 2012
Poster No.: S-0482
Type: Presentación Electrónica Educativa
Keywords: TC, Trauma, Abdomen
Authors: M. Moral Cano1, E. Perez González2, H. Calero2, M. Mendo Gonzalez2, I. Anacabe Goyogana2, M. J. Velasco Marcos2; 1Palencia/ES, 2Valladolid/ES
DOI:10.1594/seram2012/S-0482

Revisión del tema

El traumatismo abdominal cerrado es una emergencia quirúrgica de primer orden. Sus causas principales son debidas al tráfico como causa más frecuente, pero también a accidentes laborales y a precipitados. En conjunto, constituyen el 10% de todas las muertes por traumatismos.

El mecanismo de lesión es debido tanto a fuerzas de compresión como a fuerzas de desaceleración. Los órganos más afectados son el bazo (40%), hígado (25%), riñones (10%) y páncreas (7%).

 

El traumatismo abdominal cerrado y las lesiones en víscera sólida se pueden clasificar mediante escalas como la de la AAST entre otras, que describen los hallazgos radiológicos de menor a mayor gravedad.

 

Se ha producido en los últimos años un cambio de tendencia en el manejo de estos pacientes, el tratamiento conservador gana terreno frente a la laparotomía exploradora. Ahora se tiende a no operar al paciente hemodinámicamente estable, reservando la cirugía en aquellos que no remontan con sueroterapia.

 

En este cambio de tendencia, el papel del radiólogo ha sido fundamental, gracias al desarrollo del TAC helicoidal y de la radiología intervencionista. Los resultados han sido satisfactorios, llegando al 90% de éxitos en algunas series.

 

 

Traumatismo esplénico

El bazo es el órgano más frecuentemente afectado en el traumatismo abdominal cerrado, representando el 40% de las lesiones en víscera sólida. Debe sospecharse su lesión siempre que el paciente haya recibido un impacto en de tórax izquierdo o de abdomen superior izquierdo. Frecuentemente asocia fracturas de costillas bajas. La TAC detecta lesiones asociadas o hemoperitoneo con una sensibilidad superior al 95%. Se debe realizar un estudio sin y con contraste, siempre y cuando las condiciones del paciente lo permitan.

 

Las lesiones más frecuentes son las laceraciones o desgarros, hematomas, infartos o sangrado activo. Las laceraciones o desgarros se manifiestan como zonas lineales o irregulares hipodensas tras la administración de contraste yodado (Fig 1). Se habla de rotura esplénica cuando el desgarro comunica superficies viscerales opuestas (Fig 2 y 3). El hematoma intraparenquimatoso se ve como una zona amplia de hipodensidad no perfundida, homogénea o no, que puede contener un coágulo hiperatenuante (Fig 4). El hematoma subcapsular se muestra como una colección hipodensa, ovalada, que aplana el parénquima subyacente (Fig 5). El infarto esplénico se observa como un área hipoatenuante conforma de cuña y base en la cápsula esplénica (Fig 6).

 

El hemoperitoneo postraumático está presente en casi todos los pacientes con lesión esplénica visible. Al ser sangre no coagulada tiene una densidad de unas 30-45 UH, que se distribuye por el espacio periesplénico y  gotiera parietocólica izquierda hasta pelvis (Fig 7). A veces puede verse un coágulo centinela de mayor densidad (60-70 UH) que nos indica el órgano origen del sangrado.  La hemorragia activa puede detectarse como un área hiperatenuante de contraste extravasado en el seno de un hemoperitoneo periesplénico (Fig 8).

 

Las lesiones esplénicas pueden clasificarse y gradarse mediante escalas. Las más usadas son las de la AAST (Fig 9) y la de Buntain, que describen los hallazgos radiológicos de menor a mayor gravedad, aunque no predice la necesidad de tratamiento quirúrgico, ya que ésta viene determinada por la inestabilidad hemodinámica o el bajo hematocrito.

 

Entre las complicaciones tardías del traumatismo esplénico se encuentra el sangrado tardío, abscesos, pseudoaneurismas o fístulas arteriovenosa.

La rotura esplénica diferida es rara pero muy peligrosa ya que puede estar abierta a peritoneo y desangrarse el paciente. El pseudoaneurisma se verá como una zona redondeada parenquimatosa, bien delimitada, focal, con realce similar al contraste intravascular, que suele tratarse con embolización intravascular. El absceso esplénico es una complicación tardía que se origina en infartos o áreas poco perfundidas. Se muestran como una zona ovalada de baja atenuación con realce periférico (cápsula). Puede romperse un desembocar en una peritonitis.

 

Traumatismo hepático

El hígado es el segundo órgano más afectado en el traumatismo abdominal cerrado, con una prevalencia de entre 10 y el 25%. Es la lesión abdominal que con más frecuencia conduce a la muerte. Habitualmente la mayoría de lesiones se sitúan en el segmento posterior del lóbulo derecho porque es el más voluminoso y se encuentra en contacto con la columna vertebral y las costillas. El lóbulo hepático izquierdo suele lesionarse por traumatismo directo, y asocia otras lesiones en páncreas o duodeno.

 

Entre las lesiones mayores se encuentran las laceraciones, hematoma, lesión de venas suprahepáticas y la hemorragia activa. La laceración es la lesión más común en el hígado y se observa como una línea irregular o ramificada hipodensa con respecto al parénquima realzado (Fig 10 y 11). Si afectan a la zona desnuda hepática (segmento VII) pueden llegar a formar un hematoma retroperitoneal. Los hematomas intrahepáticos se muestran como áreas focales e irregulares hipodensas (Fig 12). Pueden contener coágulo fresco hiperdenso de 45-70 UH. Cuando el hematoma es subcapsular se identifica como una colección elíptica hipodensa entre la cápsula hepática y el parénquima realzado (Fig 13).

 

La hemorragia activa se confirma mediante la administración de contraste y su extravasación en el seno de un coágulo o como sangrado libre hacia el peritoneo. Este hallazgo es un indicador de gravedad y un buen predictor de fallo de tratamiento conservador, por lo que será candidato a embolización angiográfica. Las venas suprahepáticas pueden seccionarse por una laceración o hematoma y conlleva un riesgo vital que hace necesario el tratamiento quirúrgico.

 

Las lesiones hepáticas pueden clasificarse y gradarse mediante escalas. Las más usadas son las de la AAST (Fig 14) y la de Mirvis, que describen los hallazgos radiológicos de menor a mayor gravedad, con un buen reflejo sobre el grado de lesión hepática. No obstante no es un buen indicador de manejo o pronóstico, ya que algunas lesiones de alto grado responden bien al tratamiento conservador y la cirugía se reserva al paciente inestable.

 

Las complicaciones tardías suelen aparecer semanas después en pacientes grado IV y V que no han recibido tratamiento quirúrgico. Entre ellas están la hemorragia tardía, absceso, pseudoaneurisma y el biloma. Los abscesos se muestran como áreas hipodensas no captantes de contraste yodado, que muestran burbujas de aire en su interior (Fig 15), y cuyo diagnóstico definitivo se realiza mediante aspiración por punción percutánea. El pseudoaneurisma se origina de una disrupción arterial, a partir de la cual de forma una cavidad extraluminal rodeada de un cápsula fibrosa, que realza tras la administración de contraste yodado. Tiene un alto riesgo de rotura (Fig 16) y de shock hipovolémico secundario. Puede tratarse satisfactoeiamente mediante embolización con coils (Fig 17).

 

Las complicaciones biliares tienen una baja prevalencia ya que suelen ser autolimitadas. Suelen originarse a partir de laceraciones que atraviesan la zona central del hígado con afectación de la porta hepatis. Las más frecuentes son el biloma y la fístula biliar. El biloma es una colección expansiva de bilis y hematoma, hipodensa, bien definida, que se confirma por aspiración percutánea. La mayoría regresan espontáneamente, aunque pueden drenarse si son sintomáticos. El traumatismo en la vesícula biliar puede mostrarse como un colapso, o pared engrosada con líquido pericolecístico (Fig 18).

 

Traumatismo renal

La lesión renal en el traumatismo abdominal cerrado ocurre en el 8% de los casos. Aunque la mayoría de las ocasiones son lesiones leves, el 80% de las veces asocia lesiones en otros órganos. La TAC es la técnica de primera elección, más sensible y específica que la urografía.

 

Las lesiones más frecuentes son la contusión, hematoma, infarto, laceración, lesión de la unión urétero-pélvica, trombosis arteriales o renales, pseudoaneurismas y fístulas arteriovenosas.

 

La contusión renal se muestra como una zona redondeada, hipodensa tras la administración de contraste yodado (Fig 19 y 20), de tamaño variable, aunque menos definida que el infarto. El hematoma subcapsular tiene una forma elíptica y aplana el borde renal, se muestra hiperdenso en el estudio basal (Fig 21), e hipodenso en el estudio con contraste. También pueden darse hematomas parenquimatosos hiperdensos abiertos a la vía urinaria (Fig 22). El infarto renal se observa como áreas hipoatenuantes pequeñas, muy bien definidas, con forma de cuña, que no realzan en el estudio con contraste (Fig 23). Se producen por trombosis de ramas segmentarias arteriales y evolucionan a cicatriz permanente. Las laceraciones se muestran igualmente como zonas lineales hipoatenuantes desde la cápsula hasta la pelvis con hematoma alrededor (Fig 24).

 

La trombosis arterial es la lesión vascular más importante, se detecta como un riñón menos realzado que el contrario, áreas de infarto parcial y terminación abrupta del realce de la arteria. La avulsión de la arteria renal produce un infarto total del riñón y un hematoma perirrenal con sangrado activo. La trombosis de la vena renal puede no detectarla la TAC, aunque en general se muestra como un nefrograma retardado, nefromegalia y trombo en la vena renal. Los pseudoaneurismas son poco frecuentes y se muestran como una complicación tardía (Fig 25). La avulsión urétero-pélvica se observa como la extravasación de contraste perirrenal en un riñón con buen realce tras la administración de contraste. Puede haber urinoma asociado. En la laceración del uréter, podrá verse contraste en el uréter distal, mientras que en la avulsión no.

 

Como en el resto de vísceras sólidas abdominales, existe una escala de gradación de las lesiones, de menor a mayor gravedad, con distinto pronóstico y manejo, aquí mostramos la de la AAST (Fig 26).

 

Traumatismo pancreático

La lesión traumática del páncreas es un hallazgo infrecuente, constituyendo menos del 10% de las lesiones viscerales del abdomen. El mecanismo de producción consiste en la compresión del páncreas entre la columna vertebral y la pared abdominal anterior por un traumatismo directo contra un volante o un manillar. Frecuentemente asocian lesiones en otras vísceras sólidas en más del 50% de los casos. La morbimortalidad de estas lesiones es alta, por lo que el diagnóstico precoz es importante. El diagnóstico por TAC con contraste, cortes finos y reconstrucciones multiplanares suele dar el diagnóstico en el 80% de los casos.

 

Como hallazgos directos se encuentran la laceración, fractura y aumento del tamaño glandular. Los hallazgos indirectos comprenden la grasa inflamada, colecciones peripancreáticas y la hemorragia activa.

 

La laceración o fractura pancreática se visualiza en TAC con contraste como una línea irregular de baja atenuación orientada perpendicularmente al eje mayor del páncreas y localizada en su tercio medio a la altura de los cuerpos vertebrales (Fig 27). En fase aguda puede pasar desapercibida, por lo que hay que repetir el estudio a las 12 horas si hay alta sospecha. Puede asociar hematomas, abscesos, rotura del conducto pancreático y pseudoquistes. La rotura del conducto pancreático no es evaluable mediante TAC, y sólo puede sospecharse en caso de desgarros profundos. Para ello se emplea la CPRE o la RM.

 

Otras complicaciones detectables mediante técnicas de imagen son el pseudoquiste, absceso, fístula y pancreatitis. El pseudoquiste se origina por la rotura del conducto pancreático.  Consiste en una lesión ovalada bien definida, de baja atenuación y sin captación de contraste. Suelen tratarse mediante drenaje.

 

La gradación de los traumatismos pancreáticos es difícil, ya que son frecuentes la sobrevaloración o infraestimación de las lesiones. No obstante se ha propuesto la escala de la AAST (Fig 28) o la de Moore.

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